Jóvenes Hoy

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¿Qué pasa si un niño o una niña sorprenden a sus padres manteniendo relaciones sexuales?

Esta es una situación que los padres deben esforzarse mucho en evitar. Solemos decir que en una casa hay dos puertas que deben tener un cerrojo altamente seguro: la de la calle y la del cuarto de los padres… y la primera no es la más importante. Entonces recomendamos encarecidamente a los padres que ante la situación de tener intimidad sexual se cercioren de que la habitación está debidamente cerrada con un cierre. 

Ahora bien, en caso de que accidentalmente el niño sorprenda a sus padres durante la relación sexual se aplican los criterios antes descritos para la visión de un desnudo: primero detectar qué es lo que ha visto el niño o niña –y no solo mirado, porque es posible que lo que haya mirado y lo que haya visto sean cosas diferentes–. Para esto se hace necesario que él o ella expliquen con sus palabras la situación, en un ambiente lo más relajado posible. Tal vez pueda ser un poco difícil mantener la calma por parte de los padres, pero en este caso es de vital importancia para que el niño se exprese con toda naturalidad y exponga todas las inquietudes que podría haberle generado lo que vio. A partir de allí comienza un proceso en el que los padres deben explicar, respetando los niveles de comprensión del niño pero sin dejar nada fuera de la explicación, lo relativo al acto sexual: una parte será de naturaleza biológica, para que el niño comprenda que es un acto normal entre personas adultas que se aman, pero otra parte tiene que abarcar lo que el Dr. Jokin de Irala llama “respuestas integradas”, esto es, que incluya pautas para mejorar estilos de vida –en este caso insistiendo en que la actividad sexual es cosa de adultos responsables que buscan quererse y respetarse mediante estos gestos corporales–, que se enmarque en el contexto de la educación para el amor –explicando que el acto sexual es un gesto de amor, para dar amor entre personas que por ese amor están comprometidas y que, por tanto, no es un juego–. Finalmente, el Dr. de Irala menciona, para quienes son creyentes, la introducción de la variable de la trascendencia: la sexualidad es un don de Dios para los esposos mediante el cual la pareja transmite vida y se expresa cariño y amor, y que por lo tanto, los esposos cristianos “invitan” a Dios también a ser parte de esa actividad tan íntima. 

Como en los casos anteriores lo que se impone es mantener los canales de comunicación muy abiertos con el niño o niña y una observación sobre conductas e intereses, buscando detectar cambios significativos en los mismos. En caso de que por la involucración de los padres en la situación no se pueda crear el clima de confianza, es posible que una tercera persona –que bien podría ser un orientador familiar– ayude al niño a expresarse y detectar todo aquello que sea necesario reconducir en su comprensión. Pero esta medida es bueno tomarla en caso de un bloqueo muy grande, ya que el lugar idóneo para el diálogo es el hogar, con los padres como principales protagonistas.

 

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