Jóvenes Hoy

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¿Separar niños y niñas en las aulas es sexismo, segregación o discriminación?

El principal objetivo de la educación diferenciada (separar a los niños y a las niñas en las aulas) es que tanto niños como niñas puedan beneficiarse en igualdad de condiciones de una atención educativa más especializada y, por tanto, más eficaz. Hay diferentes razones pedagógicas para separar a los alumnos durante su vida escolar: por edades, por intereses, por zonas geográficas, etc. Ser varones o mujeres es una más de estas razones, ya que se sabe que chicos y chicas aprenden mejor con algunas metodologías pedagógicas que pueden ser diferentes en cada sexo.

Según el diccionario, “sexismo” es discriminar a las personas por considerar un sexo inferior a otro; “discriminar” implica dar un trato de inferioridad a alguien por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. Y “segregar” supone la separación y marginación de alguien por motivos sociales, políticos o culturales. Teniendo en cuenta estas definiciones, no es correcto afirmar que la educación diferenciada hoy en día sea sexista, discrimine o segregue.

La experiencia en países avanzados como Australia, Gran Bretaña o EE. UU. avala la validez de esta propuesta educativa (en Estados Unidos existen más de 500 colegios públicos con educación diferenciada). También demuestra que la educación diferenciada va más allá y permite romper moldes sexistas. A modo de ejemplo, en México, el campeonato nacional de robótica lo ha llegado a ganar un colegio de chicas. Verse libres de la comparación en una tarea que socialmente se adjudica a sus compañeros les permitió sacar todo su potencial.

Por otra parte cabe insistir en que disfrutar de las ventajas educativas de la diferenciación no significa que los hijos e hijas estén aislados. Viven en la misma sociedad que los demás jóvenes, comparten el tiempo de ocio, se divierten juntos y también se enamoran con toda normalidad. En definitiva, tienen sus propias ilusiones, como los jóvenes cuyos padres optan por otros modelos educativos.

Algunos opinan que “está bien pero entonces que lo paguen los padres que quieren llevar a sus hijos a estas escuelas”. Quienes así piensan olvidan un principio básico de la sociedad moderna que es que todos pagamos impuestos para cosas de las que no nos beneficiamos directamente: carreteras que no usamos, tratamientos sanitarios que no necesitamos, colegios donde no van nuestros hijos, acondicionamientos urbanos que facilitan la vida de otras personas que se mueven con más dificultad como los ancianos o las personas con discapacidad. Los que no tienen hijos pagan parques infantiles que no van a usar y muchos ejemplos por el estilo. En aquellos países –como España– en que el Estado destina una parte de estos impuestos a apoyar la educación no estatal no hay ninguna razón para que la educación diferenciada quede fuera de esta práctica, ya que beneficia a toda la sociedad igual que los demás modelos educativos.

 

 

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